
A
ntes de que Ca na Toneta se convirtiera en lo que es hoy, María Solivellas trabajaba en la producción musical en Madrid cuando regresó a Mallorca para
pasar el verano, considerando ya un cambio hacia un modo de trabajar más manual y artesanal. En Caimari, en una casa familiar que había pertenecido a una
pariente conocida como Toneta, ella, su hermana Teresa y su madre decidieron abrir un restaurante: al principio casi como un juego, sin intención de que fuera
algo permanente. En aquel momento, Caimari se percibía como un lugar remoto, alejado de cualquier escena gastronómica; abrir allí un restaurante suponía, en sí mismo, una apuesta arriesgada.
Desde el inicio, Solivellas asumió la cocina, con su madre a su lado durante los tres primeros meses, ofreciéndole no una formación formal, sino un único consejo: confiar en su instinto. Sin formación culinaria tradicional, aprendió de manera autodidacta en ese espacio, convirtiendo la intuición en práctica y, con el tiempo, en su oficio. Lo que surgió no se planteó como un restaurante convencional, sino como una casa, determinada por su entorno y por una forma de cocinar arraigada en la estacionalidad, el aprovechamiento y una relación estrecha con la tierra.
A lo largo de más de treinta años, Ca na Toneta se ha consolidado como un lugar de referencia sin perder su estructura ni su espíritu inicial. María Solivellas dirige la cocina, trabajando con un conocimiento preciso de los ciclos agrícolas de la isla y abasteciéndose a través de relaciones sostenidas con agricultores y pequeños productores. Las variedades locales, las plantas silvestres y los productos menos habituales reciben la misma atención que los ingredientes más reconocibles, y los menús evolucionan continuamente en función de la disponibilidad.






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