
C
uando Territorios en tránsito abrió sus puertas en el IVAM el pasado mes de febrero, un faro iluminaba insistentemente el recorrido de una exposición que se volvía abisal a ratos. Desde los gestos sutiles de Anna Talens, en los que una línea dorada articulaba el espacio de una postal o de una pared, hasta las arqueologías acuáticas de Mar Guerrero, el mar Mediterráneo era una idea compartida.
Hay pocas exposiciones que se desarrollen desde una noción tan clara de diálogo: entre dos artistas, pero también entre dos instituciones. Meses después, con ocasión de la reciente Nit de l’Art, la exposición llega a Es Baluard Museu, donde ese mismo mar deja de ser un horizonte para convertirse en un círculo que se cierra, como una vuelta más del faro que ilumina de nuevo este diálogo con otra configuración. Reencontrar piezas en otro espacio y bajo otra luz tiene algo de reconfortante. El desplazamiento es geográfico, pero también conceptual. ¿Qué ocurre cuando una exposición cambia de orilla?
La muestra, titulada Entre el faro y el abismo, primera coproducción de este nuevo ciclo entre el IVAM y Es Baluard, reúne las prácticas de Anna Talens (Valencia, 1978) y Mar Guerrero (Mallorca, 1991), dos artistas cuyas investigaciones convergen alrededor del mar entendido como un territorio de tránsito, memoria y posibles cuestionamientos. En las esculturas de Mar Guerrero, plásticos erosionados, maderas a la deriva y otros materiales recogidos del litoral aparecen como testigos de trayectorias invisibles. Como una cartografía secreta de materiales, cada escultura conserva la memoria de un recorrido incierto. En la obra de Anna Talens, por el contrario, el horizonte deja de ser un límite físico para convertirse en una experiencia perceptiva: una línea siempre cambiante que organiza nuestra relación con el espacio. En ocasiones, como en la pieza Collar de sirena (2009), realizada a partir de redes, maroma y cascabeles, esa línea se cierra sobre sí misma como una serpiente mitológica.




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