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os artistas casi siempre están influenciados de alguna manera por su entorno; cómo o dónde crecieron, sus primeras conexiones con el lugar y el hogar integrándose con una incipiente curiosidad artística. Para Lucia y Lola Maraver, crecer en una casa en las montañas, justo encima de Llucalari, donde el mar es una presencia constante y poderosa, hizo que la naturaleza quedara grabada en la conciencia de estas dos artistas. El paisaje y una sensación de libertad, días marcados por paseos por las montañas y hasta Deia, donde solían pasar el rato en la tienda de alimentación natural de su madre pintando flores en las bolsas de papel, donde otros artistas como Matti Klarwien o Sybilla también pasaban tiempo.
Los padres de Lucia y Lola llegaron a Deia a principios de los años 80, y las chicas pasaron su infancia inmersas en un ambiente muy libre, donde la creatividad se fomentaba y formaba parte del día a día. Con el tiempo, cada una desarrolló su propia sensibilidad artística, acorde con sus propios intereses y personalidades, aunque existe una conexión subyacente que está arraigada en el lugar donde crecieron. Como explica Lucia, la mayor de las dos: "Creo que donde vives, o de donde vienes, afecta directamente a tu trabajo creativo. El entorno nunca es neutral — moldea tu percepción, tus materiales y tu sensibilidad. Creo que hay una responsabilidad en ser consciente de eso, y en intentar mantener la coherencia con la estética y el espíritu del lugar que habitas, no de una manera rígida, sino de una forma que lo respete y le permita influir en tu trabajo."




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