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Protegiendo el Humedal que nos protege: Una conversación con el Director del Parque Natural de S’Albufera
Jul 9, 2026
- By
Laura Pott
sustainability 2030
Protegiendo el Humedal que nos protege: Una conversación con el Director del Parque Natural de S’Albufera
Jul 9, 2026
- By
Laura Pott
El Parque Natural de s’Albufera, situado entre Muro y Sa Pobla en el norte de Mallorca, es la zona húmeda más extensa de las Islas Baleares, con más de 1.600 hectáreas. Declarado Parque Natural en 1988 y protegido bajo el Convenio de Ramsar y EU Natura 2000 Network, alberga más de 300 especies de aves. Pero el parque es mucho más que un destino para la observación de aves. En esta entrevista con su director, Maties Rebassa Beltran, exploramos por qué este humedal es vital para la salud ambiental y socioeconómica de Mallorca. También se abordan las crecientes presiones que enfrenta el parque y por qué su conservación es hoy más urgente que nunca.
L.P.
S’Albufera suele describirse como la zona húmeda más importante de las Islas Baleares. ¿Por qué es este ecosistema tan crucial para la salud ambiental de Mallorca?
M.B.

Yo diría que todas las zonas húmedas son cruciales, especialmente en un ambiente mediterráneo como Mallorca, donde el agua es un bien escaso. Es verdad que S’Albufera es posiblemente la más significativa porque es la más grande y la primera que se protegió como parque natural, pero todas son importantes, incluso las más pequeñitas.


Las zonas húmedas son “hot spots” de biodiversidad porque concentran muchísimas especies en un espacio reducido. Además, son reservorios de agua dulce, ayudan a regular las avenidas de los torrentes y evitan inundaciones en otros lugares. Precisamente por el hecho de ser zonas inundables y con gran capacidad para retener agua, contribuyen a evitar que se inunden otras zonas donde vive la gente.


Además, estos ecosistemas son sumideros de dióxido de carbono y ayudan a regular la temperatura. Otra función muy importante es la depuración del agua. Muchas veces llegan a S’Albufera aguas contaminadas y la zona húmeda actúa como un filtro natural antes de que el agua llegue al mar. Sin la función protectora de S’Albufera, playas como las de Muro probablemente sufrirían muchos episodios de contaminación. En Mallorca esta función es especialmente importante porque recibimos mucha contaminación procedente del turismo, las segundas residencias y también de la agricultura intensiva.


Las plantas acuáticas retienen nutrientes y los transforman mediante procesos naturales. En muchos lugares fuera de Mallorca el agua que sale de las depuradoras pasa después por los llamados filtros verdes, que no son otra cosa que humedales artificiales.

Parque Natural de S'Albufera. Foto: Laura Pott
Garceta blanca. Foto: Maties Rebassa
L.P.
En el parque se han registrado más de 300 especies de aves. ¿Qué se perdería, también a nivel internacional, si humedales como este desaparecieran?
M.B.

La Albufera ocupa un lugar muy estratégico en medio del Mediterráneo. Muchas aves migratorias necesitan humedales donde parar, alimentarse, reponer energías o simplemente descansar. Solo por este motivo ya tiene una importancia internacional muy relevante. Por eso forma parte de la Convención de Ramsar, que protege los humedales considerados de importancia internacional. Este reconocimiento pone en valor su papel para las aves acuáticas y también para muchos otros organismos.

L.P.
¿Además del cambio climático, qué otras amenazas observan actualmente en S’Albufera?
M.B.

Para una zona húmeda lo más importante es el agua. Lo que más nos preocupa es todo aquello que afecta tanto a la cantidad como a la calidad del agua que recibe S’Albufera. Hay otros impactos, como las urbanizaciones, el aumento de las temperaturas, la subida del nivel del mar o los incendios, pero el problema hídrico es, sin duda, el principal.


La Albufera actual ya no tiene nada que ver con la de hace 30 o 40 años. Ha perdido muchísima agua dulce porque gran parte de la que llegaba por los acuíferos ahora se deriva hacia establecimientos turísticos, piscinas, segundas residencias y agricultura. Como consecuencia entra más agua de mar, aumenta la salinidad y se pierden hábitats de agua dulce.


A esto se suma la contaminación que se ha intensificado porque cada vez somos más habitantes y más turistas. Al llegar menos agua dulce, los contaminantes se concentran más y la calidad del agua ha empeorado mucho. Las especies más sensibles están desapareciendo. Es verdad que llegan otras especies adaptadas a aguas saladas, como los flamencos. Pero una cosa no compensa la otra, porque zonas húmedas de aguas saladas en el Mediterráneo hay muchas, mientras los humedales de agua dulce son mucho más escasos. Esto afecta a aves, peces, insectos y a toda la biodiversidad asociada. Antes te ibas a un canal de agua dulce y veías pasar escarabajos acuáticos, todo eso se perdió.


Lo que se intenta para proteger mejor la entrada de agua dulce es compatibilizar los distintos usos del agua, pero es muy difícil porque Mallorca tiene un modelo socioeconómico muy intensivo. Pretender seguir con ese modelo sin afectar al medio ambiente es prácticamente imposible. Recuperar la Albufera de hace 40 años es muy complicado. Aunque se adopten medidas correctoras en el futuro, ya habría daños.


Donde sí se puede avanzar es en la contaminación: mejorar las depuradoras, separar aguas pluviales y fecales o conectar todas las viviendas al alcantarillado. Todo eso requiere una inversión potente pero puede mejorar la situación. En cambio, reducir el consumo de agua es mucho más difícil mientras sigamos teniendo tantos habitantes, turistas y demanda de recursos.

Flamencos en S'Albufera. Foto: Maties Rebassa
Foto: Laura Pott
"Sin la función protectora de S’Albufera, playas como las de Muro probablemente sufrirían muchos episodios de contaminación."
Photo: Laura Pott
L.P.
Los incendios forestales son cada vez más frecuentes. ¿Hasta qué punto es vulnerable S’Albufera al fuego?
M.B.

Hasta ahora los incendios no han sido uno de los principales problemas de la Albufera si los comparamos con los relacionados con el agua. Sin embargo, las temperaturas están aumentando, la Albufera se seca antes y es posible que en el futuro los incendios sean más intensos. Además, ya no se producen solo en otoño como antes, sino cada vez son más frecuentes en verano, precisamente cuando muchas especies están criando, por lo que el impacto puede ser mayor. Entre las medidas de prevención están los cortafuegos que preparamos periódicamente.

L.P.
Mallorca se enfrenta cada vez más al problema de las especies invasoras. ¿Cómo están afectando los animales y plantas invasores a S’Albufera?
M.B.

Sí, las especies invasoras son un problema muy preocupante. Con la globalización es mucho más fácil que lleguen a territorios insulares como Mallorca. En la Albufera han aparecido numerosas especies invasoras, como la tortuga galápago de Florida, que desplaza a la tortuga autóctona porque es más grande, más agresiva y además transmite enfermedades. También hay plantas invasoras, como el Carpobrotus en las dunas o la cortaderia o la cótula en zonas húmedas, que desplazan a la vegetación autóctona.


La especie que posiblemente está causando el mayor impacto es la carpa. Es un gran depredador de larvas e insectos y, además, remueve constantemente el fondo. Al hacerlo pone en suspensión nutrientes y contaminantes, enturbia el agua e impide que la luz llegue al fondo, y si no llega hasta el fondo, las plantas no pueden enraizar. Sin plantas acuáticas desaparecen también los refugios y el alimento para peces, insectos y muchas otras especies. La carpa está afectando a toda la red trófica.


El cangrejo azul es otra invasión reciente. Sabemos que es un gran depredador, aunque todavía faltan estudios para conocer todo su impacto. Además, tanto la carpa como el cangrejo azul atraen a pescadores furtivos que entran ilegalmente en zonas de reserva, provocando molestias a especies protegidas.
Nosotros todos los años intentamos eliminar el mayor número posible de animales y plantas invasoras. Sabemos que no las vamos a erradicar, pero intentamos mantener sus poblaciones lo más bajas posible.


Otro problema importante son los gatos asilvestrados. Existen numerosas colonias alrededor de la Albufera y es imposible evitar que entren en el parque. Siguen conservando su instinto cazador y depredan aves, lagartijas y otros animales. Además, el estado sanitario de muchos gatos callejeros tampoco es bueno pero actualmente nosotros no tenemos competencias para controlar estas colonias.

L.P.
¿Cómo contribuye S’Albufera al bienestar y a la economía de Mallorca?
M.B.

 Los propios hoteleros de la zona se han dado cuenta de que la protección de la Albufera ha sido un gran acierto porque es un importante reclamo turístico para personas interesadas en la naturaleza. Pero su valor va mucho más allá del turismo. Un amigo mío siempre dice que más que un espacio protegido, la Albufera es un espacio protector, porque son los espacios naturales los que nos protegen a nosotros: ayudan a evitar contaminación, enfermedades y otros problemas que también tienen consecuencias económicas y sociales. Proteger la naturaleza significa proteger nuestra salud y, al mismo tiempo, la economía.

L.P.
¿Cómo se garantiza que los visitantes puedan disfrutar de S’Albufera sin generar una presión adicional sobre el parque?
M.B.

Nosotros consideramos que los espacios naturales no deben estar cerrados a la gente, pero es fundamental regular las visitas. En la Albufera hemos registrado un aumento muy importante de visitantes y eso puede afectar tanto a la conservación como a la calidad de la experiencia. Muchas personas nos dicen que el parque les ha gustado, pero que había demasiada gente.

La ventaja es que, al tratarse de una zona húmeda, el acceso está limitado a cuatro o cinco itinerarios. El resto del parque permanece prácticamente inaccesible para las personas y la fauna puede mantenerse tranquila. El reto es evitar la masificación sin impedir que la gente conozca y valore este espacio.

Normalmente recibimos más visitantes en primavera. Es una época muy atractiva porque florecen las plantas y llegan muchas aves migratorias, pero también es un momento muy delicado, ya que muchas especies están reproduciéndose. Por eso es especialmente importante encontrar ese equilibrio.

L.P.
Si hubiera una sola cosa que residentes y visitantes pudieran hacer para proteger mejor el patrimonio natural de Mallorca, ¿cuál sería?
M.B.

Lo primero es tomar conciencia de la enorme importancia que tiene la naturaleza para el ser humano. Somos naturaleza y la naturaleza nos protege. Sin ella no podemos vivir.

A partir de esa conciencia, creo que debemos ejercer presión social y política para que la conservación de la naturaleza sea una prioridad en la toma de decisiones. Eso es, probablemente, lo más importante en una isla tan masificada como Mallorca.

Proteger un espacio como el parque de s’Albufera es solo un primer paso. Después hay que gestionarlo e impedir futuros impactos, porque una vez que se producen, estos impactos son muy difíciles de revertir y suelen tener un efecto más duradero que la conservación.

L.P.
M.B.
L.P.
M.B.