
«C
reo que la clave ha sido mantenernos fieles a lo esencial: hacer zapatos bien hechos en Mallorca con un equipo de artesanos y con los mejores materiales disponibles. Ni más ni menos», afirma Sandro Albaladejo, director de Carmina, la empresa de calzado multigeneracional que es sinónimo de artesanía y herencia mallorquinas. Las raíces de Carmina se remontan a 1866, cuando un joven zapatero llamado Matías Pujadas abrió un pequeño taller de zapatos de hombre hechos a medida en Inca, en un momento en que la ciudad apenas comenzaba a establecerse como centro de producción industrial. Pujadas y su hijo Mateo tenían talento, pero también visión. Empezaron a utilizar la nueva técnica de construcción de la época, el Goodyear Welt, una decisión innovadora que marcó a la empresa familiar con el estándar de calidad que sigue definiéndola en la actualidad. La compañía continuó produciendo una colección de zapatos para hombre durante décadas hasta principios de la década de 1960, cuando José Albaladejo Pujadas, bisnieto de Matías, y Carmina Ramis (los padres de Sandro) sentaron las bases de la marca tal como existe hoy en día, incluyendo la introducción del nombre Carmina, la expansión de la colección masculina y la introducción de colecciones para mujer. Como Carmina, se centraron exclusivamente en los mejores estilos, utilizando el Goodyear Welt con las mejores pieles disponibles y abriéndose al mercado internacional.
















