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ntre las antiguas tradiciones de la India, la vida urbana de Madrid y la tranquilidad de Mallorca, Diana Bornay encuentra su ritmo. La creativa madrileña se inició en el mundo de la moda, trabajando en revistas y agencias de prensa antes de pasar a empresas más grandes como Amazon. Cuando ese puesto terminó, junto con una relación, volvió a su propia creatividad, tomando clases de cerámica y experimentando con el diseño de joyas.
Bornay se sintió atraída por la cultura india durante muchos años, en parte a través de su padre, quien le inculcó desde muy joven la belleza de otras culturas y de los viajes. «Mi madre me dio un sentido de estructura y disciplina. Mi padre era muy bohemio, le encantaba el cine, William Burroughs, la filosofía, era pintor», señala. «Me dijo que 'todo el mundo tiene el poder de hacer dibujos'».
Por un capricho intuitivo, Bornay reservó un billete a la India, una experiencia que cambiaría el rumbo de su vida. No tenía planes ni itinerario para ese primer viaje, solo una profunda curiosidad. De Goa se fue a Varanasi, donde conoció a un joyero artesanal. «Estaba viendo a esta artista y me quedé impresionada», dice. «A partir de ese momento, empecé a buscar escuelas de joyería y encontré una en Bombay, así que me mudé allí e hice un curso de 3 meses». Esto me llevó a realizar un programa de un año en Bombay, un programa intenso con cursos de 9 a 5 años, pero le dio a Bornay la base sobre la que podía empezar a crear sus propios diseños.















