
Soy mallorquina, de Palma exactamente, y actualmente vivo aquí. Aunque durante diez años estuve viviendo en París, una etapa que me marcó muchísimo. Además, he tenido la suerte de viajar bastante y conocer otras ciudades y otras formas de hacer las cosas.
Soy enfermera de profesión —y de vocación, diría yo— y madre desde hace un par de años. Y creo que esas tres cosas juntas, haber vivido fuera, mi profesión y la maternidad, han cambiado mucho mi manera de mirar el entorno, especialmente los espacios públicos.


Fue algo progresivo. Cuando mi hija tenía unos ocho meses empezamos a ir a los parques. A esa edad todavía no caminan: se arrastran, tocan todo y se lo llevan a la boca. Y ahí fue cuando empecé a fijarme de verdad en el estado de los suelos y las estructuras.
Veía el pavimento deteriorado, ese suelo de goma que se va deshaciendo y soltando partículas, y pensaba que mi hija podía acabar llevándoselo a la boca. Los columpios muchas veces estaban sucios y con falta de mantenimiento. Como madre primeriza estás pendiente absolutamente de todo: de que no se haga daño, de que no toque algo peligroso.
Además era verano, y prácticamente ningún parque tiene sombra suficiente. Sin vallado, con suciedad, excrementos de perro, basura… era muy difícil encontrar un lugar donde poder estar tranquila con ella. No fue un parque concreto; fui probando distintos y la sensación era que el problema era generalizado. Ahí fue cuando pensé que algo había que hacer.
Parques de Palma nació bastante desde el enfado, la verdad. De ver la dejadez generalizada en los parques infantiles de Palma y sentir que era un tema completamente abandonado.
Mi intención era denunciar y visibilizar esa realidad, y también ejercer un poco de presión para que el Ayuntamiento de Palma lo tuviera en cuenta. No lo hice pensando que fuera a tener mucha repercusión, más bien como una forma de canalizar esa frustración.
Pero con el tiempo he visto que no soy la única que lo percibe así. Somos muchos padres y madres que pensamos lo mismo y que queremos espacios públicos cuidados para nuestros hijos. Mi objetivo no es nada extraordinario: simplemente que los parques sean mínimamente decentes, seguros, limpios y pensados para las familias.


Ahora mismo la cuenta está centrada en Palma. La mayoría de los parques que publico los he visitado personalmente, porque me gusta ver el estado real y contarlo desde mi propia experiencia.
También es verdad que muchos padres y madres me envían fotos de parques y en algunos casos los he compartido aunque yo no haya estado todavía, porque al final la cuenta también funciona como altavoz colectivo.
Ampliarlo a toda la isla sería interesante, pero siendo realista no me da la vida para abarcarlo todo. Entre el trabajo, mi hija y el tiempo que requiere gestionar la cuenta, Palma ya supone bastante dedicación. Además, mi interlocutor principal es el Ayuntamiento de Palma, así que tiene sentido mantener el foco ahí.
Creo que es una combinación de falta de presupuesto y de falta de prioridad. Cuando algo no se considera realmente importante, no se le destinan los recursos ni la atención necesarios, y eso acaba notándose en el resultado.
También pienso que falta escuchar más a las familias. A veces da la sensación de que se hacen proyectos bastante estándar, sin tener demasiado en cuenta el uso real del parque o las necesidades de quienes lo utilizan a diario. Y cuando el diseño de base no está bien planteado, el mantenimiento por sí solo no termina de solucionar el problema.
Lo que más me molesta de los parques infantiles es la falta de civismo y control, que acaba afectando directamente a la limpieza y seguridad del espacio. Muchas veces hay personas durmiendo, orinando, bebiendo alcohol o dejando los excrementos de sus perros, y no existe ningún tipo de control que sancione estas conductas. Esto genera una sensación de dejadez y hace que la suciedad se acumule en las estructuras del parque, que rara vez se ven realmente limpiadas por dentro, confiando solo en que la lluvia lo haga.
Otro problema importante es la falta de seguridad y delimitación: muchos parques no están vallados, o tienen solo una puerta sencilla que podría ayudar a ganar tiempo si un niño intenta salir, pero en general todos los parques de Palma están abiertos, con tráfico al lado o no.
A esto se suma la falta de sombra, algo fundamental en Mallorca, donde el sol y el calor son intensos durante casi todo el año. No hay ni sombras naturales ni estructuras artificiales que protejan del sol. Y, por último, los materiales del suelo podrían ser más orgánicos y naturales, ofreciendo mayor seguridad y confort para los niños al jugar.
Sí, he recibido muchos comentarios positivos, especialmente a través del Instagram que gestiono. Los padres y madres agradecen que alguien denuncie las carencias y problemas de los parques, porque muchas veces ellos no tienen tiempo ni motivación para presentar denuncias formales. Además, valoran que a partir de estas denuncias se hayan hecho algunas mejoras: cambios de suelos, pintar estructuras deterioradas o incluso la inauguración de algún parque nuevo.
En cuanto a la sección de infraestructuras de parques, nunca se han puesto en contacto conmigo directamente, aunque parece que están al tanto de la existencia del Instagram y de las denuncias que se publican. Pese a algunas intervenciones, muchos parques siguen igual de descuidados, y las mejoras suelen ser puntuales más que parte de una estrategia sostenida.
Mi parque favorito es el del Castillo de Bellver. Me gusta porque combina seguridad, sombra y variedad de juegos, y tiene zonas diferenciadas por edades, lo que permite que los más pequeños jueguen tranquilos sin estar en riesgo por niños mayores. También destaca por la integración de la naturaleza, con árboles, zonas verdes y elementos de madera o arena, que fomentan un juego más creativo y libre. La limpieza y el mantenimiento son clave: un parque bonito puede perder toda su utilidad si las estructuras están sucias o deterioradas.
Como todo, tiene sus partes negativas: no me pilla cerca de casa y es difícil aparcar, lo que a veces limita las visitas.
En general, lo valoro porque es un espacio donde los niños pueden jugar seguros y explorar, mientras los adultos acompañamos con tranquilidad.
Sí, después de visitar muchos parques y escuchar a las familias, tengo bastante claro cómo sería mi parque ideal. Sería un espacio pensado desde la infancia y para la infancia, con seguridad, limpieza y comodidad para todos.
Algunos elementos clave serían:
- Sombra suficiente, tanto natural como artificial, con toldos o estructuras que protejan del sol intenso de Mallorca.
- Zonas diferenciadas por edades, para que los más pequeños puedan jugar tranquilos sin mezclarse con niños mayores.
- Suelo seguro y natural, con materiales más orgánicos que amortigüen caídas y sean agradables al tacto.
- Vallado completo con puertas para ganar tiempo si un niño intenta salir y aumentar la seguridad.
- Elementos inclusivos, adaptados para niños con diversidad funcional, para que todos puedan disfrutar.
- Mantenimiento y limpieza constante, evitando la acumulación de suciedad en las estructuras y asegurando que el parque siempre sea higiénico.
- Zonas verdes y elementos naturales, como arena, madera y vegetación, que fomenten el juego libre y creativo.
- Bancos y fuentes de agua, para que los adultos acompañen cómodos y los niños tengan acceso a agua potable.
En resumen, sería un parque donde la seguridad, la naturaleza y el juego libre convivan, y donde las familias puedan disfrutar del espacio con tranquilidad, sin renunciar al cuidado y mantenimiento que se merece.
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