

La idea de la imagen nos permite ir más allá de una definición estrictamente vinculada al medio fotográfico. Introduce un campo expandido, en el que la fotografía entra en diálogo con otras disciplinas como el cine, la instalación, la escultura o el vídeo. Este tipo de hibridación es importante porque refleja la manera en que hoy se producen y se entienden las imágenes. Pensar en términos de imagen también modifica la posición de la fotografía dentro del festival. Deja de estar limitada por sus fronteras tradicionales y pasa a formar parte de un lenguaje visual más amplio, capaz de adoptar distintas formas y direcciones. En ese sentido, este desplazamiento también implica una ambición: dar a la fotografía el espacio necesario para expandirse, evolucionar y relacionarse con otras prácticas en igualdad de condiciones.


Queríamos mantener el espíritu de festival: algo que va más allá de una serie de exposiciones y que se convierte en un momento cultural compartido. Esa idea de encuentro, de reunir a personas en torno a la fotografía, era fundamental en PalmaPhoto y sigue siéndolo ahora. Al mismo tiempo, el contexto ha cambiado. Una de las decisiones clave ha sido extender el programa a toda la isla, no solo a Palma. En los últimos años, Mallorca ha desarrollado una escena cultural mucho más activa y funciona casi como un todo, como una isla-ciudad. Trabajar en distintos lugares introduce complejidad, pero también permite al festival relacionarse con una mayor diversidad de espacios y públicos, generando una estructura más abierta y conectada con el territorio.
El otro cambio es conceptual. El festival ya no se define únicamente desde la fotografía, sino desde la idea más amplia de la imagen. Este replanteamiento amplía su alcance y aporta una nueva dimensión al proyecto.
Sin duda ha habido un desarrollo significativo en los últimos años. La reapertura de la Fundació Toni Catany, la programación del Casal Solleric y el trabajo que se realiza en el Centre Cultural la Misericòrdia a través del Arxiu del So i de la Imatge han contribuido a fortalecer el panorama fotográfico en la isla. En este contexto, PHOF incluye los premios Mallorca de Fotografía Contemporánea, que forman parte de esa historia. Estos ofrecen a artistas de media carrera la posibilidad de producir y exponer su trabajo, y editar y distribuir un fotolibro, dando visibilidad a su práctica. Al mismo tiempo, el ASIM custodia una colección con obras fotográfivas de todos los proyectos ganadores anteriores, generando una continuidad. En ese sentido, el festival no es un elemento aislado: se inserta en una estructura existente, la refuerza y añade nuevas formas de visibilidad e intercambio. Forma parte de un proceso continuo que contribuye a consolidar la fotografía dentro del patrimonio cultural de la isla.


La sección PHOTOBOOK mantiene una continuidad desde PalmaPhoto. En esta nueva edición, se organiza como un encuentro de tres días en Es Baluard, con distintas sesiones en torno al fotolibro, y con la participación de especialistas internacionales y público local. La idea es generar un espacio de encuentro, donde compartir trabajos, intercambiar ideas y desarrollar conversaciones en torno al fotolibro. No se trata solo de mostrar proyectos terminados, sino de abrir un espacio para la reflexión y el diálogo. Esa dimensión comunitaria es esencial.
Al mismo tiempo, el fotolibro se concibe como una obra en sí misma. Es un formato en el que la secuencia, la edición y la narrativa son fundamentales, y donde la relación con el espectador es más directa e íntima. El trabajo colectivo refuerza esta lógica, ya que el propio proceso curatorial se basa en el intercambio y en miradas compartidas.
Hay una clara voluntad educativa o pedagógica en el festival. Uno de los objetivos es ofrecer al público herramientas para leer y comprender las imágenes de forma más crítica. Estamos rodeados de imágenes, pero eso no implica necesariamente que nos relacionemos con ellas de manera significativa. Un festival genera otro tipo de espacio, que se aleja de la velocidad y del consumo propio de plataformas como Instagram, y que favorece la atención, la reflexión y la interpretación. Permite al espectador detenerse y reconsiderar la imagen como forma de expresión.
En este sentido, PHOF también quiere reposicionar la fotografía dentro del arte contemporáneo, devolviéndola a un contexto en el que puede ser experimentada no solo como algo que se consume, sino como algo que se colecciona, se estudia y con lo que se establece una relación a largo plazo.

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