
E
nclavado en uno de los paisajes más imponentes de Mallorca, Béns d’Avall no es solo un restaurante con una estrella Michelin y una estrella verde, sino un proyecto profundamente ligado al territorio, a la memoria y a una manera honesta de entender la gastronomía. Bajo la dirección culinaria de Jaume Vicens y con la sensibilidad enológica de Manuel Zambrana, la experiencia en Béns d’Avall se construye como un diálogo constante entre cocina, vino y paisaje.
Al frente de los fogones se encuentra Jaume Vicens, quien se define como cocinero mallorquín y jefe de cocina de Béns d’Avall y cuya trayectoria está íntimamente ligada a la historia del propio restaurante. Procedente de una familia muy ligada a este lugar y a la restauración, su vocación nace de forma bastante natural. A lo largo de los años, su formación y sus experiencias fuera de la isla le han permitido aprender tanto en casa como viajando, ampliando su mirada sin renunciar a sus orígenes. Hoy, Vicens cocina “desde la madurez, con respeto por lo aprendido y muchas ganas de seguir evolucionando”.
La propuesta gastronómica de Béns d’Avall se articula desde una relación directa con el entorno. Para Vicens, “la esencia de Béns d’Avall es el territorio”, y su cocina es una manera de interpretar Mallorca, y muy especialmente la Serra de Tramuntana, desde una visión contemporánea, pero fiel a sus raíces. El paisaje influye en todo: “nos marca el ritmo, los productos y hasta la forma de entender la cocina”, una cocina basada en la “austeridad bien entendida, el respeto por el entorno y una belleza natural que se traduce en platos limpios, equilibrados y con sentido”. Cocinar en este enclave privilegiado es, según el chef, “un privilegio y también una responsabilidad”.
El producto local y la temporalidad son los pilares sobre los que se construye cada menú. En su día a día trabajan con “el pescado local, las verduras de pequeños productores, el cordero mallorquín, el aceite de oliva de la Serra y las hierbas aromáticas de nuestro entorno”, ingredientes que considera esenciales porque “hablan de quiénes somos y de dónde estamos”. En este contexto, la estacionalidad no se vive como una restricción, sino como una guía natural: “La temporada no es una limitación, es una guía”.















