
E
n un modesto taller del tranquilo pueblo de Sa Cabaneta, rodeada de estanterías con curiosas figuras, como jinetes, demonios y criaturas fantásticas, la artesana Coloma María Cañellas Palou continúa con un oficio que ha dado forma a uno de los símbolos más reconocibles de la isla durante más de un siglo.
Las pequeñas figuras de arcilla que produce se llaman siurells. Reconocibles al instante por sus cuerpos encalados y sus llamativas pinceladas verdes y rojas, cada una lleva un silbido que emite una nota aguda y juguetona. Para los visitantes, son recuerdos encantadores. Para los lugareños, son algo más profundo, un símbolo cultural de la historia mallorquina hecho de arcilla.
En el centro de esta tradición se encuentra el taller conocido como Ca Madò Bet dels Siurells, ampliamente considerado como el más antiguo que sobrevive siurelería en la isla. La historia del taller comienza hace más de cien años con la abuela de Coloma, Elisabet Amengual, conocida localmente como Madò Bet. Bet trabajó originalmente en el negocio de su familia antes de decidir seguir su propio camino creativo. Comenzó a dar forma a figuras de arcilla en su casa, la misma casa donde el taller sigue funcionando hoy en día. En aquella época, la fabricación de siurell no era una profesión completa, sino más bien un oficio complementario.
La imaginación de Madò Bet la diferenció rápidamente. Cuando nació Coloma, su abuela ya tenía 80 años. «No pasé mucho tiempo con ella, pero sí sé que era una persona con una gran imaginación, lo que la llevó a inventar muchas figuras», recuerda. Hoy en día, la creatividad de Madò Bet sigue siendo fundamental para la identidad familiar.
















