
Creé RAÍCES porque sentía que había una brecha entre la Mallorca que yo percibía y la forma en que la isla solía ser vivida por los turistas. Me encontraba lugares extraordinarios, productores, artesanos, paisajes e historias que no eran necesariamente accesibles para los visitantes, mientras que al mismo tiempo había una demanda creciente de alternativas más significativas al turismo convencional. Quería construir un puente entre ambos mundos, creando experiencias que permitan a la gente descubrir Mallorca a través de las personas, los lugares y los productos que le dan carácter a la isla. Eso es lo más importante para mí del trabajo de RAÍCES: construir puentes hacia un turismo respetuoso y de bajo impacto, y crear valor añadido en torno a lo que ya existe.
Veo RAÍCES como una traductora entre los visitantes y los lugares locales auténticos. Por un lado, ofrecemos experiencias curadas que dan a la gente la oportunidad de conectar con la cultura local de la isla, sus productos y las personas y espacios que hay detrás. Por otro lado, apoyamos a iniciativas locales con branding, comunicación y estrategias para sus productos y espacios. Hay muchas personas que producen cosas hermosas y que quizá no quieran construir un negocio orientado al visitante. De pronto quieren tener un espacio donde puedan darse a conocer más allá de los canales tradicionales de hoteles y comercios. Nuestros servicios de consultoría incluyen crear esas conexiones y canales que pueden contribuir a su sostenibilidad a largo plazo.


Nos hemos asociado con varias fincas y pequeños productores de la isla, ofreciendo consultoría y creando experiencias con ellos o desarrollando las que ya tenían. Actualmente estamos construyendo un proyecto con viticultores locales que producen vinos naturales y de cultivo ecológico, con el objetivo de dar a conocer sus vinos a un público más amplio a través de catas íntimas y experiencias culinarias en los propios viñedos. En lugar de simplemente presentar una botella como producto terminado, queremos que la gente experimente el vino en el lugar donde nace, rodeada de las viñas, el hábitat natural y las personas que hay detrás. Estos encuentros a pequeña escala dan a los viticultores independientes la oportunidad de llegar a nuevos públicos, contar su historia en el entorno adecuado y seguir siendo el centro de la experiencia.
Mientras buscaba lugares lindos, literalmente, conocí a una de las personas vinculadas a la Cooperativa y le hablé de mi proyecto; enseguida nos dimos cuenta de que había una sinergia natural. Lo que me inspiró de inmediato fue la combinación de lo que la Cooperativa ya tenía: hermosos lugares, productos locales, infraestructura, conocimiento del territorio y una fuerte conexión con la agricultura. Me resultó evidente cómo combinar estos elementos para crear experiencias significativas, sin dejar de estar arraigadas en el carácter de cada lugar. A partir de ahí, colaboramos en un modelo de negocio centrado en los productos y espacios de la Cooperativa, incluyendo experiencias de degustación curadas en sus dos food trucks y fincas, en entornos especialmente hermosos. Una está en Sa Duaia, sobre Cala Torta, con vistas panorámicas sobre el paisaje costero y, en un día despejado, hasta Menorca. La otra está junto a la Ermita de Betlem, en una zona muy remota de la isla donde antes no había oportunidad para que los visitantes se detuvieran, comieran y vivieran el paisaje de esta manera. Para mí, estos dos lugares son un ejemplo perfecto de lo que representa RAÍCES. Las experiencias son una parte creciente del panorama turístico de Mallorca, pero creo que las más interesantes no necesitan fabricarse desde cero. La experiencia más valiosa suele estar ya ahí: en el paisaje, la comida, la gente, el trabajo agrícola y las historias ligadas a un lugar. Nuestro papel en RAÍCES es reconocer esos elementos, reunirlos y crear formas cuidadosas de que la gente los viva, siempre respetando el carácter propio de cada lugar.



La Cooperativad'Artà se hizo cargo recientemente de la antiguafinca agrícola en torno a la Ermita de Betlem, y ahora está reactivando latierra, trabajando con la agricultura, el pastoreo y nuevas formas de recibir alos visitantes. Es un entorno extraordinario con un fuerte sentido histórico. Para mí,lo apasionante es encontrar formas de que la gente viva el lugar sin restarlelo que lo hace especial. Es un espacio donde tienes la oportunidad de conectarprofundamente con la naturaleza, porque es muy salvaje y tiene unas vistasmaravillosas. Dejo que Albert os hable más de ello.
Albert Ferrer: ¡Claro! Nuestra cooperativa se fundó en 1979, al mismo tiempo queel movimiento cooperativista en la isla. Y hemos innovado mucho en los últimos años, sobre todo estableciendo canales deventa directa con nuestros socios. Cuando me incorporé en 2019, esto era unalmacén que vendía suministros agrícolas, y poco a poco lo hemostransformado en este espacio que vende producto local, productos de alta gama,obras de artistas locales, además de una cafetería y un restaurante donde sepuede probar de todo un poco.
Como nuestro enfoque está en laagricultura ecológica, y sabemos que es difícil vivir solo de eso, propusimos anuestros socios que, además de sus hortalizas frescas, elaboraran también productospreparados. Así fue como creció Sa Bàscula; creamos los puntos de venta con losfood trucks y empezamos a ofrecer experiencias en entornos únicos. Nos hemosconvertido en un proyecto que combina agricultura con gastronomía y patrimonio,lo que añade valor a nuestros productos locales y nos diferencia de otrosproyectos similares.
Albert Ferrer: Pues actualmente tenemos un total de setenta socios. Pero, claro, como este es un municipio con tierras menos productivas, muchos han abandonado el sector. Siguen siendo socios y tienen parcelas para consumo propio, pero no producen nada para vender. Solo tenemos cinco socios que son productores activos.
Por ejemplo, Na Maians es una finca en Capdepera que produce aceite de oliva ecológico, hortalizas y aguacates. Luego está Ses Terres, que también produce aceite de oliva y conservas, que servimos en nuestras experiencias gastronómicas. También tenemos vino local, S'Escrivà, y poco a poco vamos incorporando a más socios. La bodega Conde de Suyrot todavía no es socia, pero estamos trabajando con ellos. El objetivo es integrar y apoyar la agricultura local de Artà y de Mallorca en general a través de este proyecto gastronómico.
Albert Ferrer: Cuando conocimos a Sina y vimos cuánto ama Mallorca y cuál es su visión, nos dimos cuenta enseguida de que encajaba perfectamente con nosotros. Nos ha ayudado muchísimo. La cooperativa necesita gente que valore de verdad lo que tenemos para ofrecer, porque no siempre somos buenos promocionándolo desde dentro. Y proyectos como RAÍCES aportan los elementos que nos faltan, ya sea a través de imágenes, diseño, o atrayendo a personas que realmente aprecian lo que hacemos. Todas estas sinergias que ponen en valor el patrimonio son lo que necesitamos, en realidad.
Así que ahora estamos trabajando para traer grupos de personas a conocer de qué trata el proyecto de la Ermita. Pueden pasar tiempo allí, tomar algo y volver a casa sintiéndose relajados después de una comida especial cocinada por chefs locales o invitados.
Albert Ferrer: Creo que el futuro está en vincular la agricultura, un sector que ya opera con pérdidas, con sectores más productivos como el turismo y el patrimonio. A menos que desarrollemos proyectos que aprovechen estas sinergias, será difícil que nuestras iniciativas sean sostenibles. Tomemos nuestro propio ejemplo: de setenta socios activos, hemos bajado a cinco. Es decir, tenemos que ser creativos.
Por ejemplo, en la Ermita de Betlem, es impresionante lo que lograron los ermitaños en su época: aquello era realmente un terreno inhóspito e improductivo. Lo trabajaron con paciencia y crearon una zona muy productiva para aquellos tiempos. Tenían hortalizas, miel y ganado para su propio consumo, pero también vendían el excedente, y con lo obtenido compraban más tierras a sus vecinos, mediante compra, intercambio o cesión. ¡Los tiempos eran distintos entonces! Queremos poner en valor los elementos patrimoniales que crearon allí, como el edificio de la Ermita, la apicultura, el camino de piedra junto al manantial que lleva hasta la costa, la propia fuente de agua, el molino de agua que necesita restauración, y los muros antiguos. Si te fijas bien en ciertas partes de los muros, puedes distinguir quién los construyó y cuándo, porque fueron personas distintas usando técnicas distintas.
Los almuerzos y cenas de "de la huerta a la mesa" programados con la Cooperativa se pueden reservar a través de Sa Bàscula, y los food trucks se pueden visitar en su horario de apertura. A través de RAÍCES, se pueden reservar experiencias privadas y a medida en la finca de la Ermita, incluyendo experiencias privadas de medio día y de día completo, talleres y encuentros íntimos, cenas con chefs invitados, eventos corporativos y de marca, y pequeños retiros en la naturaleza. También organizamos eventos privados o corporativos en los food trucks.
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